eif
EL DOLOR DE PARÍS DEBE CONVERTIRSE EN UN GRITO POR LA
SOLIDARIDAD Y LA LIBERTAD

La secuencia de atentados que conmocionó el centro de París ayer noche
nos llena de indignación. Personas inocentes que tomaban un café en
una terraza o que disfrutaban de un concierto de rock fueron víctimas
de la intolerancia y el fanatismo. Nuestra condena más firme contra
estos crímenes abominables no ensombrece en ningún momento nuestro
dolor y solidaridad con las familias de las víctimas.

La naturaleza de los atentados de París recuerda poderosamente los
ataques indiscriminados que ensangrentaron Madrid el 11 de Marzo de
2004. Las bombas de Madrid que iban dirigidas contra gente normal y
corriente y que buscaban dividir a los pueblos son iguales que las
ráfagas de París.

No lo conseguirán. No conseguirán dividir nuestra sociedad, no
conseguirán acabar con la solidaridad con los refugiados y refugiadas
y con las familias que huyen de guerras fratricidas.

Ahora más que nunca se necesita fortalecer la solidaridad entre los
pueblos y apostar por más democracia y más derechos humanos. Reforzar
los recortes de derechos y libertades es precisamente el objetivo que
persiguen quienes atentaron ayer y quienes les apoyan.

Se necesita más libertad para poder denunciar a esos gobiernos que
algunas fuentes señalan que están detrás del Estado Islámico. Se
necesita también para señalar a esos estados criminales que han
destrozado países enteros, desintegrando sociedades y provocando
sufrimiento a millones de personas. Se necesita para desvelar el
expolio recolonizador de esas potencias que cambian sangre por
petróleo y gas, y que provocan una escalada de guerra en los países
árabes de Oriente Medio en beneficio de las multinacionales lo que no
ayuda a la convivencia entre pueblos.

Y es necesario no confundir nuestros anhelos de paz y convivencia
democrática con el seguidismo a los que han hecho de la guerra y el
militarismo buena parte de sus valores. Gobiernos y partidos que
dieron su bendición a intervenciones militares genocidas no
constituyen ejemplo alguno ni están legitimados para hablar de paz y
democracia. Por el contrario, aprovecharán estos atentados para
intentar reforzar sus políticas reaccionarias de recorte de derechos y
libertades.

Salir a la calle en solidaridad con las víctimas de ayer es un
imperativo moral y defender las libertades conquistadas una necesidad
democrática.

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